Por Andrea Vásquez
Los primeros recuerdos que Jaime Lizama tiene acerca del fútbol se remontan a los fines de semana en La Legua, lugar donde nació, creció y donde aún vive. La imagen de un viejito con un saco de pelotas a la espalda, que lo pasaba a buscar a él y a varios niños más, determinó lo que sería su futuro: Entrenar a jóvenes en el fútbol para evitar que caigan en las drogas.
Motivado por romper la estigmatización que se vive en La Legua Emergencia, por su pasión por el fútbol y por su lucha contra las drogas, se dirigió a la Municipalidad de San Joaquín a ver qué posibilidades tenía de convertir la cancha abandonada frente a su casa, en una escuela de fútbol. "Estaba toda desarmada y rota, así que cuando pregunté no me pusieron ningún inconveniente", cuenta Lizama.
De a poco y sin ayuda de nadie comenzó a arreglar la cancha. Pensó que la futura escuela debía tener un nombre inspirador para los niños de La Legua y la bautizó "Escuela de fútbol Bam Bam Zamorano", en honor al legüino más famoso del mundo. Actualmente entrena a niños de cuatro a diecisiete años y ya tiene a más de cien.
Lizama no quiere ser recordado como el viejito del saco de pelotas que sólo los hacía jugar en una cancha y para eso, este actual entrenador de los cadetes de Santiago Morning, cursa el último semestre en un instituto para recibir su título de entrenador profesional. "Yo quiero que ellos sean los mejores. Aquí les enseño técnicas y todo eso, pero además quiero dejarles valores", dice.
"Hacer el bien acá en La Legua no es fácil", dice su esposa, y Jaime lo tiene muy claro. Debido al cartel con que cargan los legüinos, nadie nunca se ha acercado ni a tenderle una mano o a reconocer su trabajo. Durante los once años que lleva trabajando solo y nada más que por amor al arte, nunca ha ganado ningún proyecto de ayuda para la escuela, lo que lo ha llevado a pensar que al gobierno le conviene que estos niños sigan en la droga. Sin embargo, su constancia a marcado una diferencia: "En el comienzo, de diez niños que yo entrenaba, uno se salvaba de caer en las drogas. Ahora son nueve los que se salvan".
Un claro ejemplo del trabajo que ha logrado Jaime Lizama se vio el 29 de octubre del año pasado en La Legua, donde se vivía un ambiente de fiesta. Con globos y pañuelos blancos, los vecinos aplaudieron y vitorearon al bus que traía al equipo de la Escuela de Fútbol Bam Bam Zamorano: por medio del campeonato Chilectra habían ganado, por tercer año consecutivo, el Campeonato Copa de la Amistad. Esta vez contra el Real Madrid, a quienes derrotaron 3 contra 2 (Los campeonatos anteriores se jugaron el 2007 en Brasil, y en Argentina el 2008). A su llegada del triunfo, la Presidenta Bachelet los esperaba en La Moneda con un desayuno. "La gente nos dice que llegamos igual que la selección chilena, pero yo digo que no, porque nosotros llegamos siendo campeones", cuenta orgulloso.
¡Gánale a la Droga!
Por la gran cantidad de droga que circula en La Legua, el riesgo, para los niños y adolescentes que viven en este sector, de caer en este vicio es muchísimo más alto que en muchas partes del país. Es por eso que el trabajo de Jaime Lizama se torna también el doble de difícil, pero al mismo tiempo, es el doble de gratificante. "Para estos niños es muy fácil irse por ese camino", dice.
Un caso que refleja esta situación sucedió justamente en vísperas de la Copa de la Amistad. Chilectra, quien auspicia estos encuentros, les regaló también las camisetas. Al llegar a su casa, uno de los niños que juega para el equipo de Lizama, le contó a su padre sobre su participación y le mostró la camiseta que llevaba el lema del campeonato: "¡Gánale a la droga!". Enojado el padre le respondió "¿Pa' qué query' ganarle a la droga? Si no, ¿De qué vivimos nosotros?", y le prohibió asistir al campeonato. El niño tampoco siguió entrenando y tiempo después cayó en el vicio.
Los niños conocen el riesgo al que están expuestos y a la estigmatización con la que crecen sólo por ser de La Legua, por lo que, con cada campeonato luchan por reivindicar el nombre de su población. Debido a que nadie quiere ir a jugar a las canchas de La Legua, muchas veces se ven obligados a viajar para participar de los enfrentamientos. No todos tienen la plata para el pasaje por lo que los que pueden aportar con la cuota (generalmente de $1000) lo hacen, y los que no, son auspiciados por "el profe Lizama" quien, además, es el que compra las pelotas para entrenar. Afortunadamente el único gasto que tienen es el de la luz que usan en los entrenamientos nocturnos, y para eso, se arregló que se pagara con el arriendo de la cancha a los mismos vecinos que quieran usarla.
Los problemas económicos no son un problema mayor para Lizama y su Escuela. Pero, sin duda, una ayuda no le vendría mal: su sueño es poder poner pasto en la cancha y tener alguna oficina donde exhibir los trofeos ganados por el equipo.
Pero todo es recompensado y eso lo conoció bien "el profe". Hace algunas semanas, el programa Tonka Tanka de Canal 13, en el que los famosos concursan por un premio que se otorga a un invitado externo, invitó a Jaime Lizama. Al ser entrevistado pidió a quienes lo iban a representar que se la jugaran porque "los niños no pueden ver a su profe perder", dijo y, efectivamente se ganó un pasaje a Sudáfrica a presenciar el partido de Chile contra España.
La noche anterior al viaje, todos los niños fueron a despedirlo deseándole buena suerte y que no se olvidara de ellos. "Los niños aquí lo ven como un héroe", cuenta una vecina, y ciertamente se ha ganado el respeto en el sector. Él no olvida de dónde viene y orgulloso mostró, para la señal internacional de la FIFA, la bandera chilena que decía La Legua. "Aquí cada uno sabe lo que hace el vecino. Yo sé quienes hacen el mal aquí, y se respeta. Uno simplemente no se mete con ellos. Yo hago el bien, y ellos también me respetan", cuenta. Para él, "en la Legua se vive el otro mundial" refiriéndose a la lucha constante que tienen con las drogas y la delincuencia.