Mal augurio el del canal 9

(0) Comentario Escrito el noviembre 11, 2013 Blog

Por Vivian Lavín Almazán.

 

 

Periodista, editora y conductora, durante 10 años, del programa Vuelan las Plumas en Radio Universidad de Chile. Autora de los libros de entrevistas Vuelan las Plumas. Conversaciones con artistas e intelectuales en el Metro (2008) y Vuelan las Plumas. Conversaciones con la cultura (2012) de Ediciones Radio Universidad de Chile.

 

 

 

 

De un plumazo y a través de un procedimiento que se ajusta a la ley, pero no a la moral, el gobierno de Valencia, una de las comunidades autónomas que existen en España, cerrará en un par de semanas su señal radial y televisiva.  Un caso que ha despertado a la comunidad valenciana, la que ha salido a las calles, indignada, como suele ser el estado de crispación permanente en el que se encuentra la ciudadanía del punto del globo que  sea últimamente.

 

 

Y aunque el canal 9 de televisión tenía una programación destinada a la farándula, a las teleseries y a aupar al gobierno autonómico liderado por el Partido Popular, los ciudadanos se indignaron con el cierre de una emisora que, a pesar de todo, sentían suya. Aunque en su quehacer ignoraba a aquellos artistas no partidarios del gobierno, fueron ellos mismos los que lideraron las protestas. El presidente de la Generalitat Valenciana, Alberto Fabra había dicho que entre cerrar una escuela, un hospital o un medio de comunicación, pues que optaba por este último. De modo que, quirúrgicamente, se termina una gestión de 24 años y con ello se convierte en la primera autonomía peninsular con dos lenguas cooficiales sin medios  públicos de comunicación.

 

 

¿De qué manera nos afecta a nosotros, los chilenos, la decisión de esta lejana comunidad española?

 

 

Pues que la Radio Televisión Valenciana (RTVV), es conocida simplemente como Canal 9. Y para quienes vivimos en un Chile donde la televisión era universitaria y de calidad recordamos a nuestro propio Canal 9, el canal de la Universidad de Chile.  El mismo que la Dictadura intervino hasta dejarlo en el suelo, para que, finalmente, en la Transición se decidiera su concesión a manos privadas. Así comenzó la larga historia de la camaleónica estación que hoy se conoce como Chilevisión. El ingreso de aquel canal de televisión al mundo privado, aunque fuera mediante una concesión, abrió el apetito de aquellos que tienen muy claro el poder de los medios de comunicación. Entre esos, el actual presidente de la República quien detentó su “propiedad” durante unos años, pero que hubo de venderlo de mala gana frente a la presión pública por sus aspiraciones de habitar La Moneda.

 

 

Para refrescar nuestra mala memoria, el canal 9 era un canal universitario pero sobre todo, público, a diferencia de los otros dos canales universitarios que fueron graciosamente concedidos a la Iglesia Católica por el gobierno de Alessandri. En ese entonces, es que nace la televisión chilena y en sus inicios tuvo a las Universidades como los espacios donde debía desarrollarse una actividad cuya misión era informar, educar y entretener. Lo increíble es que esta importante distinción que hiciera el Estado a favor de las Universidades no tuviera una vuelta de mano, cuando años más tarde, la Iglesia Católica cede de manera nada graciosa, gran parte de su propiedad a la familia Luksic, la que en poco tiempo será total.

 

 

 

Llama la atención cómo los valencianos salieron a las calles a defender a sus medios de comunicación. En Chile, solo la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile logró detener la venta de la Radio Universidad de Chile a través de una “ocupación ilegal” que presionó al entonces rector de esa casa de estudios y lo disuadió de ese intento hace más de una década. El canal 9 de televisión no tuvo esa suerte y, a pesar de que los trabajadores dieron la pelea, se quedaron solos frente a una ciudadanía impávida. La misma que viera cómo el Diario La Nación cerrara sin más, hace poco tiempo.

 

 

Nos quejamos de que la educación chilena está en una severa crisis. Nos sorprendemos que el inglés que se habla en Chile sea peor de lo que suponen sus años de estudio. Quedamos perplejos frente a nuestro mal hablar… ¿no era acaso que los canales del Estado tenían la misión de informar, educar y entretener? Que los ciudadanos en Chile ignoren esto es una indolencia, que lo haga el Estado es una grave irresponsabilidad.

 

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