Los otros migrantes

(0) Comentario Escrito el mayo 4, 2015 Blog

La noción de actualidad es, quizá, la mayor ficción inventada por el periodismo. Las noticias, por impactantes que sean, ocupan unos pocos días. Más aún en una sociedad hiperconectada, donde a un desastre lo sucede otro y otro y otro más. Lo vimos la semana pasada, donde el mayor naufragio de inmigrantes ocurrido en Europa perdió rápidamente su espacio a raíz del terremoto en Nepal.

 

Pero la tragedia de los indocumentados sigue ahí, latente, tan actual como ayer o el año pasado. Es uno de los conflictos más complejos que enfrenta no sólo la Comunidad Europea, sino todo país que representa una oportunidad para sus vecinos. Allí están en juego los valores más propios de la democracia: libertad, movilidad social, progreso, igualdad. Y allí, por cierto, se despliega una red de complicidades entre traficantes, agentes aduaneros, policías y los propios indocumentados, dispuestos a cualquier sacrificio con tal de escapar del horror en que viven. Pagan unos seis mil euros por el cruce, que muchas veces se realiza en barcazas sin ninguna seguridad o en containers en el que van apilados como mercancías.

 

El drama de los indocumentados africanos no es muy distinto al de los centroamericanos que intentan llegar a Estados Unidos a través de México. A juzgar por el brillante libro del periodista Oscar Martínez, Los migrantes que no importan, es posible que éste incluso sea peor. Quienes leyeron la parte de los crímenes de 2666, pueden estar seguros de que Bolaño se quedaba corto. Lo que devela Martínez es, en una palabra, espeluznante. Pero a nadie parece preocuparle demasiado el destino de esos hombres, mujeres y niños de El Salvador, Guatemala, Honduras y Nicaragua que son secuestrados a diario, torturados y asesinados de la manera más brutal.

 

Los coyotes o polleros son el equivalente a los piratas en Europa. En el reportaje “Aquí se viola, aquí se mata”, Martínez da cuenta de los riesgos que corren los indocumentados en La Arrocera (Chiapas). Cuando se acercan a un control de migración, deben bajarse del bus para internarse en terreno peligroso. Sólo los coyotes conocen el camino que les permita eludir a las autoridades y retomar la carretera para volver a subirse a una micro. Para llegar hasta el tren de Arriaga deberán repetir esa secuencia unas cinco veces y es muy probable que un coyote los engañe. No hablamos de subir el precio; eso sería lo de menos. Hablamos de entregar a las mujeres a violadores. Como son indocumentadas, es muy difícil que realicen la denuncia. Y si lo hacen, es todavía más difícil que se queden en la zona el tiempo que demora un proceso judicial.

 

Los coyotes también arriesgan su vida, sobre todo ahora que el camino posee dueños: es de Los Zetas, grupo que tiene al secuestro de migrantes como su tercera actividad más lucrativa, tras el tráfico de drogas y armas.

 

Martínez visita un pueblo donde las mujeres que quedaron en el camino son obligadas a prostituirse y reportea lo que ocurre en El Bestia, el tren en el que los indocumentados viajan de noche. Otra historia impactante es “En el camino”, un close up a tres hermanos salvadoreños condenados a muerte por la Mara Salvatrucha. No en vano, el autor advierte ya en la primera página de este libro que el verbo no es “migrar”, sino “huir”.

 

 

Esta columna apareció originalmente en Voces, de La Tercera.

 

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